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sábado, 11 de marzo de 2023

En defensa del piropo

En defensa del piropo


El soltar la correa de siglos / milenios no ha sido simple, siempre estoy agradecida y mucho a esas mujeres que me precedieron y han posibilitado mi hoy. Sabemos que no vamos ni queremos regresar pero también me niego a que en afán de evitar retrocesos, envilezcamos hasta lo bello, lo que nos hacía bien.
El piropo es un halago, una frase ingeniosa que elogia nuestras cualidades, nuestra belleza.  Nunca fue necesario lucir la hermosura de catálogo, sólo bastaba que el piropeador encontrara eso que nos hace únicas, bellas y perfectas al ojo de quien gustamos. Lógico, siempre con un poquito de exagerada apreciación. ¡Qué zalamero!- se supo decir allá lejos en tono de coqueto rubor al que propiciaba esas galanterías tan encantadoras.  
La frase vulgar, ordinaria, agresiva en nada tiene que ver; su violencia y cobarde impunidad ha logrado arrastrar al hermoso piropo. ¿Acaso, comparamos el amor con la violencia de pareja? ¿La caricia con el golpe?
He padecido como cualquier humano esas especies horribles y sátiras; incluso de mujeres pero, ¿con qué criterio de injusticia se trivializa la diferencia? ¿Soy la única que advierte que al desaparecer el piropo, han avanzado estas viles verbalizaciones?

Entonces, por favor, comencemos a equilibrar.

No debe ser simple decir un piropo a una extraña que ven en la calle, someterse al juicio externo, a la posibilidad incluso de ser mirado con desdén; y ahora, ¿esa valentía, propia de siglos de cortejo, se envilece comparándola con las expresiones de esos patanes abusivos y cobardes que utilizan cualquier oportunidad para entronarse e insultar?



              Reitero: me niego. 
           Hace no tanto me dijeron que era una de las últimas generaciones que no sentía miedo ante una mirada o el comentario cordial de un extraño; y debo confesar que lo estoy perdiendo. Estoy comenzando a ser aprensiva, a replegarme en cierta pavura y desconfianza. Aferro lo que llevo en la mano si advierto a alguien cerca, ¿en esas estamos? ¿Así seguirá? 
   
          Y en presencia del miedo que nos corroe hasta llevarnos a sospechar de una mirada, ¿qué se esconde? Porque si esos muchachos y hombres educados se encuentran en la disyuntiva de parecer atrevidos o acosadores al intentar acercarse a una chica, a una mujer, ¿cómo lograrán conversar, aproximarse, sin abusar, sin invadir? Sabemos que la presencia del miedo es utilizada por los aprovechadores, un  "algo así" como un terreno fértil pero, ¿para quién? Por eso mi candidez al intentar defender el piropo, siento que su ausencia establece parámetros en que una sutil paranoia siembra a su antojo.


           Sin excluir al clásico del ángel que cayó del cielo o las usuales rimas tan bonitas y como es bien sabido: no siempre es lo que se dice sino el tono de voz, aporto los que han sobrevivido a mi desaparecida memoria sin acción, lo cual, creo que es más que mérito para incluirlos:
-           
               * Al pasear con mi dálmata, como no llevábamos correa, cuando se alejaba, yo daba uno o dos aplausos (mi voz es una completa inutilidad en espacios abiertos o distancias mayores a dos metros) y él regresaba. Una tarde me encontraba enfrente de un predio en el parque, aplaudo para llamarlo, y me responde una andanada de aplausos. Provenían de unos muchachos que se encontraban jugando al fútbol y se detuvieron para aplaudirme… ¿No es bello? Puedo sincerarme e indicar que me sonrojé pero no paraba de sonreír.

-                  *Iba caminando por la explanada al lado del río, se aproximan tres adolescentes, se iban acercando. Cierta aprensión en esta época de robos me hizo sentir a la defensiva y uno de ellos me dice: “Señora, usted es el sueño del pibe”. Me dio vergüenza haber desconfiado, es hasta triste, ¿no?

-                 *      Unos señores trabajadores conversaban y uno de ellos me dice: “¡Pensar que existe un hombre muy afortunado que puede estar con vos!”


-                 El mejor, más efusivo, original  y genuino me lo dijo mi amor, y como todo lo privado, sabrán comprender que lo reserve.

Invito a que aporten los mejores y más bellos piropos que han recibido o han ofrecido.

¡En defensa del piropo!
Muchas gracias.



sábado, 16 de septiembre de 2017

Adaptaciones de las relaciones: Era virtual. Cortejo

Cortejo


Hasta el pavo real se esfuerza en el plumaje

Primero dijeron que veníamos de una costilla, luego fueron miles de décadas condenadas a ser las causantes de la ausencia de un hijo varón; finalmente ambas injurias han sido defenestradas: el sexo del hijo varón lo determina el padre, y aún más reivindicativo: recién a la octava semana de gestación, la famosa “y” reorientará el diseño y se fabricara un varón, porque lo cierto es que la humanidad se inicia como hembra, de ahí las tetillas como resabios en los hombres. Sus tan mentados testículos devienen de los ovarios y el poderoso pene del clítoris.
Ausentados ambos mitos, subyace la misma historia de la humanidad que señala su inicio como matriarcado ante la relevancia que se le daba a la mujer como productora de hijos.
¿Entonces? El macho de la especie acusa más fuerza física y la historia la cuentan los más fuertes, ¿eso ocurrió?
En el ahora, la mujer ha soltado la correa, y la libertad no es algo tan simple como bonito suena.
Son tiempos de acomodo.
Pero en esos acomodos: ¿dónde quedó el cortejo?
Los machos de cualquier especie cortejan a la hembra para procrear; adelantados unos saltos al plumaje del pavo real o a la imagen del hombre de la caverna que arrastraba del cabello a la hembra a la cueva, el cortejo actual columpia entre idílicas fórmulas cinéfilas al porrazo de la colisión anónima.
Y ese tema ocupa: la  libido, el deseo, la pasión no se sujetan a la nada, conlleva un sutil y enmarañado tramado, en el que inclusive lo prohibido la alienta.

Sin el cortejo del varón, ¿qué ocurrirá? Lo disímil no propicia soluciones, compararlo con un antes incluso acarrea nostalgias.
¿Deberá la mujer realizar el cortejo?
¿Por qué alentaría ser “como un hombre”? 
¡Qué trabajen ellos -diría mi abuela-, yo elijo!

Equilibremos: mis derechos y deberes como persona, pero sin mitigar mi bella condición de mujer: no tengo tatuado que debo lavar los platos pero sí exijo que me abran la puerta.




Tiempo de acomodos, millones de acomodos convergiendo juntos. Tironeados y asediados.

 

¿El amor convertido en un narcótico de venta masiva?
¿El amor convertido en una simulación?
¿Los mejores cortejos serán artífices de mentira?

Amor virtual


50 años

Me salvé por la edad o por la falta de ella; en casa me decía mi papá cuando era una nena: defensora de pobres, no toleraba las injusticias....